JMJ Panamá

JMJ Panamá

Lo primero que me sale al pensar en la JMJ Panamá es ¡menuda aventura!

Llevábamos muchos meses ahorrando para nuestro viaje al otro lado del mundo. Formamos un grupo de 15 de la Pureza de España: 4 de Madrid, 4 de Tenerife (Los Realejos), 1 de Bilbao, 3 de Valencia y 3 religiosas que nos vimos por primera vez justo para coger el avión rumbo a Panamá.

En aquellas diez horas y media de vuelo, intentábamos imaginar lo que nos estaba por venir, pero era demasiado lo que esta JMJ nos iba a dar.

La acogida fue muy calurosa tanto por parte de la comunidad de hermanas de la Pureza de Panamá, alumnos y exalumnos del cole, peregrinos del aeropuerto… Ya se respiraba el ambiente, la alegría, la fiesta…

En seguida hicimos amigos con los de la Pureza de Venezuela, de Nicaragua, de Colombia y de Panamá, que llevaban ya unos días en la Prejornada en la Diócesis de Penonomé. Junto a todos ellos vivimos el IV Encuentro Internacional de Jóvenes Pureza de María, nos vino genial para romper el hielo y conocerles.

Unos días antes de la llegada del Papa Francisco pudimos visitar al Canal de Panamá y vivir la gran experiencia de subirnos a una canoa e introducirnos en la selva para conocer a la tribu de los Emberá. Fue increíble. Nos lo dieron todo y se quedaron en nuestro corazón.

Tuvimos el privilegio de participar en la consagración de la Capilla Jesús Maestro del cole, totalmente nueva, diseñada por el P. Rupnik.

Fueron tantos los detalles que nos ayudaron a sentirnos en casa y con nuestra familia, que los días iban pasando demasiado deprisa.

Pero nos esperaba lo mejor, el encuentro con el Papa. No olvidaremos nunca aquél primer día que le esperábamos todos en las calles de Panamá, con la bandera española levantada para que el Santo Padre supiera que ahí estábamos y al pasar, entre tantas personas que gritaban su nombre emocionados, ¡nos miró! Fue tal la alegría que sentimos… nos dejó una paz en el corazón su mirada, su saludo. Y es que a todos nos pasó lo mismo, y de repente las calles eran pura fiesta, puro baile, pura unidad, pura alegría, chocar la mano, fotos, banderas, juventud…

Nos impresionó mucho el día que fuimos al Vía Crucis ya que cada estación era para cada uno de los países de américa latina que estaba sufriendo al igual que Jesús en todo su camino del calvario. Y nosotros estábamos sentados al lado de todos ellos: cubanos, venezolanos, nicaragüenses, colombianos… sentimos más cerca que nunca su dolor, oramos como nunca por ellos, y vimos cómo aquel mensaje de esperanza del Papa Francisco les hacía sonreír, daba sentido a su sufrimiento y les invitaba a mirar más alto… Nos impresionaba el ir dándonos cuenta de por qué esta JMJ tenía que ser en Panamá pues en unos días se había convertido en el canal de la misericordia de Dios, descubrimos que el Papa quería estar cerca de esos jóvenes, de aquellas situaciones, y nosotros, también quisimos estar cerca de ellos, escuchar sus historias. Ellos nos ayudaron a descubrir y poner nombre a nuestras luchas, a nuestros miedos, a dejarnos tocar por el mismo Jesús en nuestras vidas e historias personales. Pudimos compartirlo en nuestro grupo de españoles, que fue otro gran regalo, entre todos nos ayudamos a crecer y a ir entrando en aquel torrente de gracia.

Tenemos muchas aventuras e historietas, muchos detalles. Nos traemos mucha alegría y esperanza de América, muchas personas y amigos, nos lo han dado todo, hasta la gente más

sencilla nos daba agua embotellada cuando el calor apretaba y pensábamos que no podíamos más hasta llegar al Campo de San Juan Pablo II para la Vigilia con el Papa y 800.000 jóvenes más.

Por último, de forma un poco más personal quiero decir que me siento muy orgullosa de mi Congregación, me encanta haber hecho equipazo con mis hermanas de América.

Descubro que el Señor también tenía un mensaje para mí en esta JMJ. Jesús nos busca continuamente y nos llama a todos.

Ahora procuro dar testimonio a mis alumnos, a mi comunidad y entre mis profesores de todo lo que he visto y oído…

Os animo a todos a participar en a JMJ de Lisboa. No os arrepentiréis.

H. Natalia Sánchez

Coordinadora de Pastoral

Pureza de María (Madrid)